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domingo, 26 de febrero de 2017

COMO PEZ EN EL MAR

Para experimentar la feliz realidad, la auténtica, necesito zambullirme en el océano de la divinidad. 
Con la confianza extrema y arriesgada de un clavado de Acapulco. 
Y bucear ahí evitando salir a superficie. Contemplando sólo la inmensidad del Bien.
No hay peligro de ahogo, salvo para el yo.
Porque ser y moverse en Dios es estar en nuestra específica y esencial atmósfera. 
Es sumergirse en la Vida.  
Fuera de Ella se aguanta sólo un poco.
Y siempre con gran dificultad. 
Como el pez abandonado en la arena del rebalaje (1)
Y sólo permaneciendo esa Verdad infinita que es Dios se borran personalidades, se disipan sombras y se Le siente como paz inmutable, manifestándose en todo.

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(1) rebalaje: donde resbala el oleaje.

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