Nunca son los otros.
El "yo" es el único enemigo.
Y conviene descubrirlo en nuestro día a día.
Desde la primera claridad del amanecer.
Para echarlo "fuera".
A su lugar, a la Nada.
He aquí algunas pistas para desenmascararlo.
Es el que teme, el que se preocupa...
El que ve lo malo en uno mismo o en los demás o en la creación...
El que sufre o se siente ofendido...
El que ve culpables o se experimenta a sí mismo como tal.
Por "gracia" ese que así siente nunca es la manifestación de Dios que en realidad somos.
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