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sábado, 26 de agosto de 2017

MARY BAKER EDDY Y LA MÁS PRÁCTICA EDUCACIÓN INFANTIL.

Me llama mucho la atención como hoy familias se desviven porque sus niños estén toda la semana ocupados en múltiples y diversas actividades deportivas, idiomas, baile...
Sin apenas tener tiempo para una seria y sólida instrucción en como ser felices de verdad.
Por eso copio aquí estas palabras de Mary Baker Eddy:
"Los padres debieran enseñar a sus hijos a la edad temprana posible las verdades concernientes a la salud y a la santidad. Los niños son más dóciles que los adultos y aprenden más pronto a amar las sencillas verdades que los harán felices y buenos.
Jesús amaba a los niños por estar libres de mal y por su receptividad a lo que es justo. Mientras la edad madura claudica entre dos pensamientos o lucha contra falsas creencias, la juventud hace progresos fáciles y rápidos hacia la Verdad.                     
Una niñita que ocasionalmente había escuchado mis explicaciones se lastimó un dedo gravemente. Pareció no hacerle caso. Cuando se le preguntó acerca de ello, contestó ingenuamente: “No hay sensación en la materia”. Se fue corriendo, con ojos alegres, y añadió poco después: “Mamá, el dedo no está nada dolorido”.
 La tierra y la semilla
Quizás hubieran pasado meses o años antes que sus  padres hicieran a un lado sus medicamentos o alcanzasen la altura mental que su hijita alcanzó con tanta naturalidad. Las creencias y teorías más obstinadas de los padres a menudo ahogan la buena semilla en la mente de ellos y en la fe de sus hijos. La superstición, como “las aves del cielo”, arrebata la buena semilla antes que haya brotado.
La enseñanza de los niños

A los niños debiera enseñárseles la Ciencia Cristiana, o sea, la curación por la Verdad, entre sus primeras lecciones, evitando que hablen de teorías o pensamientos acerca de la enfermedad o que los abriguen. Para evitar que vuestros hijos experimenten error y sus sufrimientos, no permitáis que entren en su mente pensamientos pecaminosos o enfermizos. Estos últimos deben excluirse sobre el mismo principio que los anteriores. Eso hace accesible a la Ciencia Cristiana a edad temprana".   CIENCIA  Y SALUD 236:25-23

jueves, 27 de abril de 2017

RECORDATORIO

Aprovecho este espacio para recordar a quienes solicitan mi ayuda (porque así lo han sentido una vez vueltos a Dios, y no por costumbre, ya que hay muchísim@s practicist@s entregad@s, algun@ de l@s cuales puede ser el instrumento más adecuado):
1º que solo doy un tratamiento por vez. 
2º Y que si persiste la mentira y desean (después de consultar de nuevo con el Padre) que sea yo el que siga orando, deben indicármelo cada vez (sin temor a ser reiterativos) aunque sea con un breve mensaje de e-mail, whatsapp o messenger.

miércoles, 25 de enero de 2017

¿QUÉ ES UN CIENTÍFICO CRISTIANO?

Cómo nombre reconozco que"científico cristiano" pueda resultar "extraño" y hasta algo confuso. 
Pero intenta designar a alguien que no duda del mensaje de Jesús. Y por eso se propone demostrar en el día a día, que el Maestro tenía palabras de vida eterna, obedeciendo con humildad y confianza su mandato: “limpiad leprosos, sanad enfermos, resucitar muertos, echad fuera demonios” (es decir, no aceptad lo contrario a la Verdad y al Bien) Mateo 10:8
 Es alguien que intenta ser seguidor del Cristo, que se toma muy en serio a Jesús, al confiar plenamente en sus afirmaciones: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará…” Juan 14:12
Tras las huellas del Maestro por excelencia, sería una radical contradicción para el científico cristiano, la intolerancia, el juzgar o condenar a otros, el repartir credenciales de buenos y de malos,  o el tener acepción de personas. Por eso está abierto a la Verdad siempre presente y es consciente que el Padre nunca ve justos o pecadores, ortodoxos o herejes, adeptos religiosos, ateos o agnósticos, sino sólo  ve a todos como hijos. Y así como a hermanos, el científico cristiano, ama y considera a todos. Tiene muy presente que Amar (el principal mandamiento) es ver a todos y a cada uno como nos ve Dios.
Por eso el científico cristiano corrige así, de continuo,  su visión de acuerdo con la primera y eterna evaluación del Creador: Todo era (y por consiguiente “es”) muy bueno.
El juzgar y su inmediata consecuencia, el condenar, es la primera actitud  errónea de la que se bautiza a diario dejándose sacar por el Cristo la viga que pudiera nublar la visión del hermano, apreciando motas en los ojos de todos.

A ello le estimula la Palabra de Vida de Jesús el Cristo y éstas que en 1906 dejo escritas Mary Baker Eddy: "Un Científico Cristiano genuino ama a protestantes y a católicos, a doctores en teología y a doctores en medicina; ama a todos los que aman a Dios, el bien; y ama a sus enemigos. Se encontrará que, en lugar de oponerse, tal persona está al servicio de los intereses tanto de la facultad médica como del cristianismo, y ellos prosperan juntos al aprender que el poder de la Mente es buena voluntad para con los hombres. Al revelar así el metal noble que hay en el carácter, el hierro en la naturaleza humana se oxida y desaparece; la honradez y la justicia caracterizan al que busca y encuentra la Ciencia  Cristiana." La Primera Iglesia de Cristo, Científico y Miscelánea 4:14-23
Siempre abierto a todos, pero respetando el trabajo que el Espíritu continuamente hace en el interior de cada cual. cf. Romanos 8:26-27

¿QUIÉN ES MARY BAKER EDDY?

Mujer profundamente cristiana nacida en el primer cuarto del siglo XIX.
 Al  recuperarse de un fatal accidente descubre lo que llamamos Ciencia Cristiana. 
 Durante un tiempo investigará en la Biblia la Ciencia del Cristo a la vez que con la práctica probará su eficacia.
 Después compartirá su descubrimiento,  en un libro  ("Ciencia y Salud...") dedicado a los que buscan la Verdad.
 Antes de sufrir el citado accidente su existencia no fue fácil. Viuda casi en plena luna de miel, privada del bebé fruto de su matrimonio, se convierte en  enferma crónica que recurre a todo tipo de terapias. Contrae nuevas nupcias, que sólo le acarreará  sufrir las infidelidades de su nuevo esposo. Este estado de cosas desembocará en divorcio.
 Ella misma practicará la homeopatía y beneficiada por tratamientos basados en la curación mental, incluso será propagandista por algún tiempo de esta nueva medicina.
 Pero cuando tiene su descubrimiento se encontrará con algo que es mucho más que una medicina del Espíritu. Y  a enseñar esta correcta forma de pensar y actuar que produce curación,  dedicará todas sus fuerzas durante más de otros cuarenta años, dictando clases, conferencias y escribiendo libros y artículos para las diversas publicaciones que ella misma fundó.
 Serán centenares de miles las personas que serán liberadas con la Verdad de enfermedades y de todo tipo de limitaciones.
 Y la Ciencia Cristiana al ser practicada vencerá todo manifestación del mal.
 Cuando frisa los noventa sorprenderá  fundando un periódico, el Christian Science Monitor,  que  lleve a los hogares pensamientos reconfortantes y purificadores y tenga como finalidad "No dañar a nadie, sino bendecir a toda la humanidad" mediante una buena información, y una forma de presentar las noticias que suscite el juicio del lector.
 Su vida es apasionante. Existen muchas e interesantes biografías de esta mujer que ha abierto el pensamiento humano a las sanadoras y vivificantes brisas del Espíritu, pero como ella misma dijo, donde mejor se la puede conocer es leyendo sus libros.
       

¿QUÉ ES UN PRACTICISTA?

"Practicista" viene de practicar. Practicista de la Ciencia Cristiana es una persona que practica o intenta vivir las enseñanzas de Jesús de Nazaret.

 Pero normalmente la palabra practicista se aplica a aquellos hombres y mujeres que dejando toda otra ocupación y remuneración económica dedican todo su tiempo a ayudar a las personas, cualquiera sea su  religión o credo, que acuden a ellos para resolver sus aparentes problemas de salud, afectivos, económicos.
 Personalmente considero al "practicista" no como un terepeuta o un consejero espiritual, sino como un despertador que nos sacude del sueño hipnótico donde muchos creemos estar, y nos ayuda a situarnos en la clara y risueña mañana de la Realidad.
 Estos practicistas  son más de 2000 repartidos por toda la geografía del planeta y sus señas figuran en el Christian Science Journal, revista mensual y oficial del Movimiento de la Ciencia Cristiana.
 Exclusivamente por el tratamiento espiritual y sin mezclar con otros medios, los practicistas demuestran que continúan vigentes las palabras del Maestro de Galilea: Y estas señales seguirán a los que creen: "En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán".(1)
 Como dice la descubridora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy "El sanar las enfermedades físicas es la mínima parte de la Ciencia Cristiana. Es sólo la llamada de clarín al pensamiento y la acción, en la esfera más alta de la bondad infinita". (2)
 El tratamiento espiritual consiste en una forma de orar tal que en palabras de Mary Baker Eddy "es una fe absoluta en que todas las cosas son posibles para Dios -una comprensión espiritual en Él, un amor desinteresado". (3)
 El tratamiento espiritual en nada es una técnica telepática por la que se influencia en alguien, o una clase de hipnosis que palia por un tiempo la preocupación o sumerge en un sueño evasivo. Es todo lo contrario: respeto profundo a la libertad que se nos ha otorgado y despertar a la verdadera y feliz realidad.

martes, 3 de enero de 2017

CONTANDO CON DIOS EN TODO

Puesto quien sana es el Padre-Madre, siempre se debe escuchar Su guía.
Y sobre todo, en lo que se refiere a la elección del practicista.
Como muy bien razona Nathan Talbot C.S.B. en El Heraldo de la Ciencia Cristiana de Enero de 1982 la relación entre paciente y practicista "es tan importante que merece ser inspirada por Dios y no ser simplemente una cuestión de conveniencia, comodidad o preferencia personal".
Yo añadiría a esas motivaciones, otras tan erróneas, como el prestigio personal del sanador o el mayor o menor monto de sus honorarios.
Por eso creo que en este tema sería muy importante el empezar bien para terminar bien.
Es decir, que el primer paso sea volvernos a Dios para que inspire a quien acudir del largo elenco que figura en:
 http://www.christianscience.com/es/encuentrenos/encuentre-un-practicista-de-la-ciencia-cristiana  y en http://es.herald.christianscience.com/directory.
En este último enlace, en la esquina inferior izquierda, BAJAR PDF, encontraremos las direcciones de los practicistas que atienden en uno o varios idiomas.
Y no olvidemos que siempre que nos dejamos conducir por Dios, Él nos lleva al mejor puerto.

viernes, 25 de noviembre de 2016

¿POR QUÉ ME HICE PRACTICISTA?




Encontré lo que siempre había buscado


José Rodríguez Peláez


Con 14 años, tuve una instructiva experiencia acerca de Dios. Nuestro profesor nos aconsejaba que fuéramos a la capilla del colegio. Para mí eso constituía casi una tortura, a pesar de saber que Dios era el Amor. Pero no soportaba estar allí ni dos minutos seguidos. Sentía algo parecido al miedo, y no sabía por qué. 

Un día, al salir del colegio, vi a un mendigo que vendía estampitas. Todas tenían tres puntitos en la frente. El vendedor afirmaba con aire misterioso: Si se concentran fijamente en los tres puntitos durante un minuto, y luego miran al cielo o a una pared en blanco, verán en grande la imagen del santo. 

Yo sabía que todo era el efecto de una ley óptica, pero así y todo le compré una estampa. Seguí las instrucciones y comprobé como se proyectaba en la pared del salón de mi casa la imagen de Teresa de Jesús. Ni me sorprendió ni me sentí protagonista de una experiencia mística porque en la clase de Física hacía ya un año que habíamos estudiado la ley en que se apoyaba ese fenómeno óptico. 

Al día siguiente acudí, según la costumbre, a la capillita del colegio. Y nada más arrodillarme recordé el experimento de la víspera. Entonces comprendí lo que me pasaba. El fenómeno óptico me aclaró el porqué de mi inquietud y de mi miedo. Aunque era un niño muy sociable también era extremadamente competitivo y egocéntrico. Mi madre me había inculcado la idea de ser el mejor en todo, el primero de la clase. Puedo decir que a quien tenía delante de mi vista las 24 horas del día era a mí mismo. Por eso al permanecer en el silencio y quietud de la capillita lo que allí se proyectaba era mi propio yo agigantado. Un yo hipercrítico con los demás, henchido de vanidad, con rencores, envidioso del triunfo de otros, temeroso de no ganar, angustiado por el mérito, lleno de temor a fracasar? Y ese ?monstruo? tan grande que me sobrecogía y me hacía sentir mal era lo que yo confundía con Dios. 

Aquella mañana mi experimento óptico resolvió la contradicción que sentía al saber que Dios era Amor y Padre, y experimentarlo de forma totalmente contraria. En adelante, puedo afirmar que ya no le tuve miedo a Dios. Desde ese día siempre que vi o sentí algo negativo, supe que eso no tenía que ver con Él. 

Desde la adolescencia soñaba con ser útil a los demás. A los 18 años pensé que puesto que la vía del servicio político estaba bloqueada por el régimen dictatorial de mi país, la mejor manera de hacer realidad mi ideal era haciéndome sacerdote jesuita. Separarme de la gente, no vivir como los demás, estar sometido a unas reglas, algunas casi medievales, no era la vida que a mí me gustaba ni la que mis amigos se figuraban apropiada para mí. Cuando di ese paso todos mis conocidos creyeron que se trataba de una de mi muchas bromas. Pero mi compromiso profundo era muy serio y largamente meditado. 

Ir a la playa sólo para mojarse los tobillos es absurdo. Hay que meterse totalmente en el agua y no poquito a poquito, sino de cabeza. Como sacerdote, traté de hacer lo mismo. Por eso elegí, dentro del campo católico donde fui criado, a la Compañía de Jesús, por entenderla como la más disciplinada y la más abierta a los avances de la teología y de la cultura. Dentro de ella intenté vivir real y radicalmente el Evangelio. No obstante, esa lucha por la perfección me frustraba con frecuencia. Reconocía mis defectos, pero también me sorprendía al sentir soberbia cuando conseguía algún éxito. 

Dediqué treinta años de mi existencia a la vida religiosa, 20 de ellos como sacerdote jesuita. Durante ese tiempo, estudié Humanidades, Sicología, Filosofía, Medios de Comunicación y Teología. Fui profesor de Filosofía, Literatura y Biología de Bachillerato, y a lo largo de los años ocupé una variedad de puestos profesionales, entre ellos, enseñé en la universidad, fui fundador y director de una emisora de radio en las Islas Canarias, colaborador de un periódico regional, y Rector del único Colegio Universitario de Málaga, España, donde formé parte de la Junta Gestora que creó dicha Universidad. 

A pesar de esa labor no me sentía feliz, aunque trataba de hacer todo lo mejor que podía y sabía. 

Como teólogo dediqué tiempo a investigar acerca de los sacramentos en profundidad. Justamente a través de ese estudio llegué a percibir que el sacerdocio-y por extensión cualquier otra función de liderazgo dentro de la comunidad-no tenía suficiente fundamento bíblico. Entendí que es en la congregación o iglesia donde reside la función y el carácter sacerdotal. Empecé a sentirme en conflicto respecto a mi rol de sacerdote. Y una vez que estuve seguro de que no era por deserción de responsabilidades o miedo a más exigencias espirituales, abandoné ese trabajo que hasta entonces había constituido mi vida. 

A continuación, me empleé como psicólogo y jefe de recursos humanos en una multinacional. Concebí mi nueva ocupación como una forma de ayudar a los empleados de la compañía. Y así fue al principio. Pero al cabo de tres años la Dirección me encargó que para reducir costos despidiera a un buen número de personas. Esa decisión me pareció muy injusta. Y después de una tremenda lucha interior al único que di de baja fue a mí mismo. Durante esa época, estudié, además, muchos tipos distintos de sistemas médicos y naturales de tratamiento e investigación. 

¿Cuál sería mi próximo paso? Una faceta de mi actividad sacerdotal que me había producido mucha insatisfacción era mi relación con los enfermos. Siempre consideré al hombre como una unidad y entendí toda enfermedad como psicosomática. Nunca acepté que fuera producto de una bacteria o un virus. Me maravillaba la relación que Jesús establecía entre enfermedad y pecado. Cuando Él restablecía la santidad acto seguido se manifestaba la salud. Por eso me habría gustado ser llamado junto al enfermo al comienzo de su dolencia para aportarle paz y potenciar su salud con la verdad evangélica. Pero en mi país se piensa que cuando el sacerdote visita al enfermo el punto final está muy próximo, y eso añade terror a la dolencia. Así que siempre llegaba como si fuera el médico forense, más para certificar un muerto que para ayudar a un vivo. Sentía que en lugar de ser un mensajero de vida, era un mensajero de muerte. Y esto me parecía una cruel contradicción. 

Por todo eso, después de dejar la compañía multinacional, trabajé como médico naturista en mi intento por continuar sirviendo a los demás. Disfruté mucho. Descubrí que el aspecto más importante del tratamiento era la interacción personal que mantenía con el paciente. Con frecuencia comentaban que aunque no habían utilizado la prescripción que les había recomendado, habían mejorado simplemente con la comunicación que habíamos mantenido. 

Mi práctica tuvo mucho éxito. Me casé y todo iba muy bien. Tenía dinero, prestigio, una casa en la ciudad y otra aislada en el campo como siempre había soñado. Aun así, aunque nunca lo confesé, sufría una profunda depresión. Si lo tenía todo, ¿cuál era la causa de mi sufrimiento? Intuí que la respuesta y la solución estaba en Dios. ¿Qué plan tenía para mí? 

Oré a Dios con el corazón para que me diera una señal acerca de lo que debía hacer. Dos días después, descubrí entre muchos avisos coloridos y de gran tamaño, uno modesto y pequeñito, pegado en la pared de una herboristería. Era una invitación a una conferencia sobre la Christian Science. 

En circunstancias normales jamás me habría fijado en un anuncio así. Por eso cuando lo leí pensé: ?Ésta debe ser la señal de Dios?. Sin decírselo a nadie acudí a la conferencia. Aunque era en castellano, me extrañó que muy pocos de los presentes hablaran mi idioma. Me senté en la primera fila para obligarme a escuchar toda la charla. Diez minutos después, reparé que yo era la única persona no Científica Cristiana y de habla hispana que quedaba en la sala de conferencias. Comprendí que esa charla era especialmente para mí. ?El conferenciante no iba a venir desde América simplemente para no hablarle a nadie?. Aunque no recuerdo nada de lo que dijo sé que me despertó un gran interés por un libro y su autora, Mary Baker Eddy. Fue suficiente. Al término de sus palabras me llevé Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras. 

Esa noche lo leí durante horas. Todo me era dulcemente familiar. Sentía que esas ideas estaban en mi corazón desde siempre. Me consolaba verlas por escrito. Comprendí que cada paso de mi vida me había guiado hacia ese momento. La depresión desapareció. Me sentí en paz con Dios, de una manera muy especial, con una cercanía jamás experimentada. Entendí que la solución a mi prometéica lucha por llegar a ser perfecto no era cuestión de voluntad propia, sino de ceder a la Verdad acerca de Dios y de mi auténtico ser. 

Era el 7 de mayo del 2000. Cerré el libro. Tenía que digerir lo leído. A finales de agosto tomaría vacaciones, y lo estudiaría con detalle. Pero no se me permitió esperar. Lo tuve que usar de inmediato. Laly, mi esposa, enfermó gravemente, y muy poco después tuvo que ser internada en un hospital. Su condición era extremadamente seria, y los médicos me dijeron que seguramente no sobreviviría. Laly y yo hablamos muy seriamente. Decidimos que lo único que podíamos hacer era poner en práctica la Christian Science. Antes habíamos hablado sobre las ideas del libro pero sin una urgencia como la que nos había sobrevenido. Ahora la decisión era vital. 

Debido a que la condición de Laly era tan grave, no se atrevían a intervenir. Le diagnosticaron cáncer de pulmón. El mal se había extendido también a los ovarios. Mientras los médicos estudiaban cómo abordar el caso, Laly dejó el hospital con su consentimiento. Entonces le pedimos a un practicista de la Christian Science que orara con nosotros. 

Los siguientes seis meses fueron tiempos de oración y estudio intensos. Aunque los síntomas persistían, los dos sentíamos que Dios estaba con nosotros. Eso nos hacía sentir felices como nunca antes. Durante esa época, yo seguía atendiendo a mis propios pacientes, pero de forma diferente. Les hablaba de la Christian Science e incluso les daba el teléfono de algún practicista. Pero la inmensa mayoría me pedía que fuera yo quien orara por ellos. Así fue como abandoné mi profesión de médico naturópata. Mi opción por ayudar a los demás no cambió; ahora tenía la mejor medicina para ser en realidad útil, la Christian Science. 

Mi esposa fue diagnosticada a finales de agosto del 2000 y para febrero del 2001 estaba completamente sana.* Los médicos no podían creerlo cuando la volvieron a examinar. Los nuevos exámenes mostraron que sus pulmones y ovarios estaban totalmente restaurados, como si nunca hubieran tenido problema alguno. El director del equipo médico declaró que era un milagro. 

Dos meses más tarde ayudé a organizar una charla sobre la Christian Science a la que asistieron 75 personas. Sesenta y ocho eran antiguos pacientes míos. Ahora son nuevos lectores de Ciencia y Salud y casi todos practican la Christian Science. 

Después me afilié junto con mi esposa a La Iglesia Madre en Boston y a una iglesia filial de nuestra zona. Hoy mi vida gira con exclusividad en torno a la Christian Science. Para mí es un deber por todo lo recibido y un derecho. Trabajo como practicista atendiendo a mis pacientes con el tratamiento espiritual descrito en Ciencia y Salud. Las demostraciones que se producen casi a diario, tales como curaciones de tumores prostáticos, asma, depresión, cáncer de pecho (todos diagnosticados médicamente), inmovilidad de miembros, artritis, adicciones, alcoholismo, impotencia masculina, solución de problemas económicos, de falta de empleo, de soledad y conflictos afectivos? alientan nuestra práctica. 

La Christian Science finalmente me ha traído no sólo la paz y la alegría que había estado buscando durante tantos años, sino sobre todo un profundo descanso a pesar del ingente trabajo. Ya no tengo que construir mi perfección y la de todos. Sólo tengo que desvelarla y gozarla. Ésta es la base de mi práctica de la Christian Science: La Christian Science es absoluta. A no ser que usted perciba cabalmente que es el hijo de Dios y por tanto es perfecto, no tiene Principio que demostrar y ninguna regla para su demostración.1 

Y eso es lo que yo siempre había buscado. 

1 The First Church of Christ, Scientist,
and Miscellany, pág. 242.



¿Qué es un practicista de la Ciencia Cristiana?




"Practicista" viene de practicar. Practicista de la Ciencia Cristiana es una persona que practica o intenta vivir las enseñanzas de Jesús de Nazaret.

Pero normalmente la palabra practicista se aplica a aquellos hombres y mujeres que dejando toda otra ocupación y remuneración económica dedican todo su tiempo a ayudar a las personas, cualquiera sea su  religión o credo, que acuden a ellos para resolver sus aparentes problemas de salud, afectivos, económicos.

Personalmente considero al "practicista" no como un terepeuta o un consejero espiritual, sino como un despertador que nos sacude del sueño hipnótico donde muchos creemos estar, y nos ayuda a situarnos en la clara y risueña mañana de la Realidad.
Estos practicistas  son más de 2000 repartidos por toda la geografía del planeta y sus señas figuran en el Christian Science Journal, revista mensual y oficial del Movimiento de la Ciencia Cristiana.
Exclusivamente por el tratamiento espiritual y sin mezclar con otros medios, los practicistas demuestran que continúan vigentes las palabras del Maestro de Galilea: Y estas señales seguirán a los que creen: "En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán".(1)
Como dice la descubridora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy "El sanar las enfermedades físicas es la mínima parte de la Ciencia Cristiana. Es sólo la llamada de clarín al pensamiento y la acción, en la esfera más alta de la bondad infinita". (2)
El tratamiento espiritual consiste en una forma de orar tal que en palabras de Mary Baker Eddy "es una fe absoluta en que todas las cosas son posibles para Dios -una comprensión espiritual en Él, un amor desinteresado". (3)
El tratamiento espiritual en nada es una técnica telepática por la que se influencia en alguien, o una clase de hipnosis que palia por un tiempo la preocupación o sumerge en un sueño evasivo. Es todo lo contrario: respeto profundo a la libertad que se nos ha otorgado y despertar a la verdadera y feliz realidad.
Estos practicistas  son más de 2000 repartidos por toda la geografía del planeta y sus señas figuran en el Christian Science Journal, revista mensual y oficial del Movimiento de la Ciencia Cristiana.
Exclusivamente por el tratamiento espiritual y sin mezclar con otros medios, los practicistas demuestran que continúan vigentes las palabras del Maestro de Galilea: Y estas señales seguirán a los que creen: "En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán".(1)
Como dice la descubridora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy "El sanar las enfermedades físicas es la mínima parte de la Ciencia Cristiana. Es sólo la llamada de clarín al pensamiento y la acción, en la esfera más alta de la bondad infinita". (2)
El tratamiento espiritual consiste en una forma de orar tal que en palabras de Mary Baker Eddy "es una fe absoluta en que todas las cosas son posibles para Dios -una comprensión espiritual en Él, un amor desinteresado". (3)
El tratamiento espiritual en nada es una técnica telepática por la que se influencia en alguien, o una clase de hipnosis que palia por un tiempo la preocupación o sumerge en un sueño evasivo. Es todo lo contrario: respeto profundo a la libertad que se nos ha otorgado y despertar a la verdadera y feliz realidad.


Estos practicistas  son más de 2000 repartidos por toda la geografía del planeta y sus señas figuran en el Christian Science Journal, revista mensual y oficial del Movimiento de la Ciencia Cristiana.

Exclusivamente por el tratamiento espiritual y sin mezclar con otros medios, los practicistas demuestran que continúan vigentes las palabras del Maestro de Galilea: Y estas señales seguirán a los que creen: "En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán".(1)

Como dice la descubridora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy "El sanar las enfermedades físicas es la mínima parte de la Ciencia Cristiana. Es sólo la llamada de clarín al pensamiento y la acción, en la esfera más alta de la bondad infinita". (2)
El tratamiento espiritual consiste en una forma de orar tal que en palabras de Mary Baker Eddy "es una fe absoluta en que todas las cosas son posibles para Dios -una comprensión espiritual en Él, un amor desinteresado". (3)
El tratamiento espiritual en nada es una técnica telepática por la que se influencia en alguien, o una clase de hipnosis que palia por un tiempo la preocupación o sumerge en un sueño evasivo. Es todo lo contrario: respeto profundo a la libertad que se nos ha otorgado y despertar a la verdadera y feliz realidad.