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sábado, 20 de mayo de 2017

UN DIARIO RESUCITAR.

La parábola del "Hijo Pródigo" es inagotable en inspiración. 
Salir de la Casa del Padre es entrar en el sueño.
Donde se desgastan todos los patrimonios.
Por inmensos que fueran al abandonar la única Conciencia. 
La riqueza, la juventud, las amistades...
Todo se deteriora y disuelve en ese creer que se está "fuera".
Y moverse perdido en la nada.
Hasta que "se entra dentro de sí".
Ahí comienza el despertar, el volver de la inconsciencia a la Vida.
Por eso, es entrañablemente saludable entrar en el tameión (el aposento interior).
Y así darnos cuenta que estamos en el Cielo al descubrirlo dentro.
Ya no hay que esperar a un final.
Para  comprobar que nunca dejamos el abrazo del Padre.
Y que este verdadero orar cada amanecer es el inicio de nuestra auténtica y diaria resurrección.


¿POR QUÉ SE RETRASA MI DEMOSTRACIÓN?


Quizás son meses o años de espera los que provocan tu pregunta.
Tus palabras acusan desaliento. El acento es casi de desespero.
Has leído como la Ciencia Cristiana disuelve la enfermedad al instante. Los testimonios dejan abundante constancia de conflictos despejados en pocas fechas.
Y entonces se alza incómodo el angustiado interrogante. Sobre todo al comprobar que eso a ti no te sucede.
Incluso puede que en vez de mejoría, la condición material parezca agravarse.
 Recordar a la hemorroísa de los evangelios con sus doce años de sangriento flujo infunde un suspiro de esperanza (Lucas 8:43). Pero, ¿ y si llevas más tiempo esperando?
 El pasaje del paralítico de la piscina con sus 38 años de diaria frustración hasta su encuentro con el Cristo liberador acaso  tranquilice  la temerosa duda (Juan 5:5). Pero no es bueno aquietar falsamente. Porque la mujer y el hombre sanaron al instante nada más encontrarse con la Verdad.
¿Qué ocurre contigo? Estás en tu derecho al traer tu caso a examen.
Pero la pregunta que considero práctica es esta otra: ¿Qué es lo que ocupa mi conciencia? ¿Cuáles son los pensamientos que tengo ante mí? ¿De enfermedad, conflicto o curación?
Ni en el reino de Dios hay lugar para la curación. No se necesita porque todo siempre refleja el bien.
Mientras miro el barro del camino es imposible que pueda gozar del cielo estrellado.
 El deseo de curación es lógico, pero muy peligroso. Encierra una trampa. Me puede encadenar al mundo de lo irreal, de la pesadilla, de la hipnosis. Cuanto más fuerte sea ese “querer” más “realidad” le doy al sueño.
Hay que sortear esos lazos engañosos que se fortalecen con la creencia de cronicidad.
¡Llevo tanto tiempo! ¿Cuando tendré la suerte de sanar?
A tales anhelos y cuestiones desgarradas hay que responder: “¡Despierta! Goza ya de tu verdadera condición de bendecido”.
Porque curarse es simplemente despertarse. No seremos conscientes de la Armonía al tiempo que soñemos con la desarmonía. Mientras el lodo confunda tus ojos, no te podrán iluminar  las estrellas.
La preocupante imagen estará ante nosotros  hasta que le demos la espalda por completo y volvamos nuestra mirada a Dios, a la realidad de la que somos el perfecto reflejo.
Mary Baker Eddy nos da la guía: “Cuando la ilusión de enfermedad o de pecado os tiente, aferraos firmemente a Dios y Su idea. No permitáis que nada sino Su semejanza more en vuestro pensamiento. (Ciencia y Salud… 495:17)
Cuando creemos ver algo que nos suscita  preocupación o incluso  pánico, seamos conscientes que “eso” es sólo un erróneo pensamiento olvidado en nuestra conciencia.
Como el que por descuido deja una horrible diapositiva en su proyector y después la observa aumentada y amenazante en la pantalla. Sólo hay que cambiar la transparencia equivocada y desestabilizadora, por el pensamiento correcto de la real armonía.
Dejemos que la Ciencia Cristiana acalle los lamentos del mundo con la presencia total e inamovible de la armonía.

viernes, 19 de mayo de 2017

RECORTAR ES PELIGROSO

Anoche me vino a la memoria  alguien que llegué a conocer.
Y para que el recuerdo me fuera completo visualicé  al hombre con su inseparable tijera.
Y ante él, los periódicos, las revista, el papel de envolver... 
Cuanto caía en sus manos quedaba reducido a diminutos pedacitos.
Inservible para cumplir con su finalidad.
Y me llegó un pensamiento.
También hay otra tijera con la que recortar imprudente la realidad infinita.
Aunque sólo sea en apariencia.
Y ¿cómo se llama ese peligroso instrumento?
Mi" o "mio" es su nombre.
Y cada vez que se aplica a Vida queda como "mi vida". Es decir, bien jibarizada.
Y si se sigue con  Amor, Vista, Sustancia... la infinitud quedaría al fin recluida en el trastero de los abstractos sin uso. 
Por eso Mary Baker Eddy  al referirse a la Mente divina o Dios y escribir  "El único Yo", añade de inmediato "o Nosotros" (Ciencia y Salud 591:17) para que ninguna tijera  recorte el Yo en  "yo" y nos abandone en la absurda y alocada nada del sueño.


PARA APRENDER A AMAR


¿Me cuesta trabajo “amar"?
Lo preguntaré de otra forma.
¿Me resulta imposible -"o casi"-, perdonar, olvidar, ver sólo lo bueno, unirme, dar, soportar, esperar, experimentar la paz y la alegría….?
Si así es, estoy seguro de algo.  
Habré comenzado el aprendizaje de este armonioso idioma espiritual de forma equivocada.
Aquí, para avanzar por la senda correcta, hay que empezar primero por la voz pasiva:
“Yo soy amado”, “tú eres amado”, “nosotros hemos sido y seremos amados”… “yo estoy unido siempre a Dios, el Bien infinito”… “yo estoy en la paz del cielo”…
Sólo así podremos pronunciar después con clara facilidad: “Yo amo”, “Yo sólo veo el Bien”…
Porque “Dios nos amó primero”. (1 Juan 4:10 El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo, el Cristo.) Sin recibir la luz, es impracticable el reflejarla.
Dice la Sra. Eddy que “Empezar bien es terminar bien” (Ciencia y Salud 262:31)
Hay que iniciarse desde el Principio. Es decir, comenzar por Dios, por El que es el Amor.
La tierra refleja la luz durante el día nada más. Mientras se encara al Sol y se deja iluminar.
Para nosotros será de día y no noche de sueños y pesadillas, siempre que nos volvamos al Amor, a nuestro Sol, .
Y tornarse a Dios, es darle la espalda a todo lo que no Le pertenezca, incluso a la identidad mortal que llamamos “yo”.
“Ese” que al intentar el amor por sí mismo,  olvida de fracaso en fracaso , que en la lengua de los ángeles, el verbo “amar” hay que comenzar a conjugar en voz pasiva. Y estar ahí mucho tiempo antes de pasar a la activa.
Así  cuando nos empapemos de ese “soy amado”, podremos decir sin vanagloria ni esfuerzo: “Yo amo” suave y de forma natural.

jueves, 18 de mayo de 2017

INUNDACIONES SANADORAS

¿Sientes que no puedes amar a éste, a aquel... a ti mismo?
¿Te preocupas por eso?
¿Te arruga el corazón la culpabilidad?
No te debe extrañar que no puedas amar a alguien. 
En realidad el yo no ama a nadie.
Porque eso de amar pertenece sólo al Amor.                            
Pero cuando se acepta la unión inseparable con el UNO que incluye a todos NOSOTROS...
¡Qué fiesta y qué disfrute!
¡Qué amorosa inundación!
Imposible de evitar. 
Porque se trata de la fluida, sanadora y real consecuencia.

PARA NO PERDERSE EN EL CAMINO...


A veces me siento perdido.
Nunca lo estoy, pero la ilusión se esfuerza en mantener esa creencia.
El día se me apaga. En la oscuridad se me oculta el rostro de Dios y se me extravía su emisora. Oigo palabras, ruidos, pero no consigo captar la sintonía. Recurro a los libros. Me recojo en reflexión. Pero todo parece vano. Me tienta la duda que devalúa las certezas demostradas. Pierde color el recuerdo de las experiencias espirituales de ayer.
Entonces clamo, más para informarme que para llamar la atención.
¡Señor! Me siento perdido, desorientado. ¿Qué tengo que hacer?
Y escucho: "Nada. Sólo reflejarme".
-¿Y cómo lo hago?
-Vuélvete hacía mí. Caer en la cuenta de que siempre estoy. El resto es cosa mía. Si estás vuelto, si eres consciente, el reflejo de mi Amor no sólo te descubrirá el camino, sino que también bendecirá a tus prójimos: a los que están cerca y a los se te acerquen para disfrutar calor y claridad.
Volverse a Dios es ser consciente de una sola Mente, todo Bien, infinita y eternamente presente. Es llenar el pensamiento con los sinónimos y atributos divinos. Es descansar en el hecho de la acción infatigable del Amor.
¿Y que se refleja? Lo que ve la Mente, la visión perfecta del universo. Eso es amar: contemplar la perfección en todo y todos. Y ese Amor es la Vida, lo que nos hace sentir inmortales y seguros siempre.
¡Qué paz! Y es que nada tiene que hacer un espejo para reflejar la luz del mediodía. Basta con estar orientado hacia el Sol.
¡Orientarse! Es lo mejor para no perderse. Siempre, al comienzo del día, alinear el brazo derecho con el Sol. Entonces descubriré el Norte frente a mí, el Sur a mi espalda y  a mi izquierda el Oeste. Ese señalar donde amanece, por donde surge la luz, centra. Y construye la cruz coronada de la Ciencia Cristiana que ilumina y muestra.

Nuestro trabajo: volvernos hacia Dios, estar quietos. Escuchar en calma, confiados y pacientes. Y así, con volverse hacia la casa paterna, (saber que está), el Padre hace lo demás.

miércoles, 17 de mayo de 2017

EL REGALO IMPAGABLE

La plenitud me invade con solo identificarme con mi realidad.
Cuando me deshago de las oscuridades del sueño, y reconozco lo que auténticamente soy.
Y entonces me siento capaz de amar a  la humanidad y al universo entero.
Sin límites y hasta el infinito.
Y descubro este tesoro, siempre que acepto ser lo que nunca podré dejar de ser: la imagen y manifestación del Amor.
Y todas las veces que disfruto de esta fiesta me percibo limpio de absurdas vanidades o locas soberbias que me la pudieran aguar.
Porque comprendo entonces que no es mérito del “yo”, sino regalo inmenso e impagable de la Vida que es Dios.